
Abro la heladera y me tienta una pera, rosadita y helada. La tomo y la lavo con abundante agua, como me enseñaron de chica. Siempre hay que ser cuidadosos con la comida; lo que se come, se cria.
La saboreo jugosa, chorreante, y me nace la pregunta maldita.
¿Qué tan natural será esta cosa?
Parezco Terminator analizando, mi mente trae todo el conocimiento y los mitos que se relacionan con la nutrición. Seguro que es transgénica, le pusieron DDT, XLT, o lo que sea. La deben haber regado con agua servida o contaminada. Igual, si fue la lluvia de cielos llenos de humo, no hay diferencia.
¿Qué diablos estoy comiendo?
Encima me salta la información sobre la cantidad de conservantes que ingerimos, tantos que los cadáveres ya no se pudren como antes. No es mi idea de la eternidad realmente.
¿Cómo hago para dejar la mayonesa? Las mermeladas, los panes, las papas fritas, los helados… ¡Me están matando con conservantes!
Calma, soy una persona adulta. De algo hay que morir. Todos morimos, sí.
Así que sepan que tomo la decisión luego de un gran proceso de razonamiento.
Yo quiero eso de la cremación… y si, los hindúes sabían de eternidad, de reencarnación.
Voy a convertirme en cenizas, flotar por el aire y volver a la tierra… a contaminar!!!
Carajo… ¿que tendrá esta pera?

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